“Se te van acabar las lágrimas, lo que no se tiene que acabar es la rabia, esa sed de justicia porque el día que eso se acabe, hasta ahí vas a llegar; y nuestras hijas se merecen justicia”.
Petit comité

El Privilegio de la Justicia

¡Hola! Nos encontramos de nuevo y espero encontrarnos cada semana por aquí, bienvenida y bienvenido.

El retrato del dolor sólo se puede capturar a través de un lente crudo, crudísimo, sólo lo sentir por medio de relatos punzantes que nos atraviesan el corazón y nos doblan las manos. Hoy, fue un día de esos, hoy, fui testigo y oyente de los testimonios de víctimas que le ponen cara, nombre y apellido a cada una de las desgracias que han tenido que vivir.

Abrazamos al señor Efrén que hace poco menos de año y medio tuvo que tener a su hija Cecilia de 26 años en sus brazos por última vez, porque un fatídico 14 de mayo ella, su preciosa hija, recibió 6 balas en la espalda. Y hoy, como todos los días no sólo tiene que lidiar con el dolor de ya no tenerla, de no abrazarla, de tener la ilusión de escuchar su voz una vez más, también tiene que lidiar con el hecho de tener que desnudar su dolor y su alma al contar su historia, al revivir su dolor inclemente para pedir una sola cosa; que su hija, que él y que su familia puedan tener acceso a la justicia.

Abrazamos a la señora Lupita, que desde hace cinco años su hijo Gilberto, está desaparecido y que ha soportado la angustia de no saber si está vivo, de si está sufriendo o está en paz, de si tiene hambre, de si le podrá dar un abrazo después de todo este tiempo o si tendrá que seguir esperándolo toda la vida.

Abrazamos a Maricela, víctima del odio despiadado de un hombre que hoy la tiene en la cárcel, acusada de 14 delitos que no cometió, lejos de su madre que todos los días se levanta a suplicar con el llanto torrencial que por favor, el juicio sea justo.

Abrazamos a Miguel que ha tenido que dejar su patrimonio porque el crimen organizado le ha quitado la luz a la vida de él y su familia.

Abrazamos a Óscar, que todos los martes visita a su hijo en el CERESO de Apizaco, para decirle que lo quiere y que su condena de 90 años por un secuestro que no cometió no le quitará la ilusión de algún día verlo libre, verlo cumplir sus sueños, sentirlo cerca y seguro.

Abrazamos a la familia de Donaji, que han tenido que sufrir la muerte repentina de su hija, una mujer emprendedora que endulzaba la vida de ellos y de sus hijos, quienes tendrán que crecer sin la presencia de su mamá, sin sus deliciosos pasteles, sin el abrazo materno, sin sus aplausos y sin su amor. Abrazamos a la familia y a ellos, porque no sólo tienen que vivir la pérdida misteriosa y confusa, sino que también las especulaciones sobre su dolor, las inmediatas e indolentes declaraciones de las autoridades

Abrazamos a cada una de las víctimas que todos los días tienen que sufrir la pérdida, la ilusión vaga, el dolor del recuerdo y de las heridas, pero también tienen que vivir en oficinas en donde no los escuchan, tienen que llegar a lugares en los que no los miran, en los que continuamente son desplazados, ignorados y amenazados. Lo hemos descrito arriba, los simples números que frívolamente las autoridades cuentan todos los días, son historias de padres que jamás llevarán a sus hijas al altar, historias de madres que nunca podrán abrazar a sus hijos de nuevo, son historias de hombres y mujeres que lloran todos los días por algo que nunca imaginaron vivir,

La justicia en México es un privilegio, el privilegio de la clase alta, de la clase política, del compadrazgo, hasta el 2017, México era el país más impune de América Latina, pero hasta el 2021 éramos el lugar 113 de 136 en impartición correcta de justicia a nivel mundial, sólo por delante de países como Surinam, Sudáfrica y Venezuela, según esto el World Justice Project, quien anualmente analiza los Índices de Estados de Derecho en el mundo.

Y quiero ser muy clara, el privilegio de la justicia define una arista dolorosa y es que, mientras continúe la simulación, el menosprecio, la desigualdad y la indolencia de las autoridades, tal vez mañana tengamos que sufrirlo, padecerlo y llorarlo, ese es el verdadero privilegio, estar leyendo esto, mientras Estrella recibe amenazas de muerte de la familia del que fue su tratante, mientras leemos esto, una mujer está siendo asesinada a manos de un hombre que tiene toda la posibilidad de que al día siguiente, su muerte sea declarada un suicidio.

En Tlaxcala, ese es el privilegio y no tendrán más la comodidad de nuestro silencio. Como lo dijo Estela Hernández, mujer hñáhñú, población indígena del centro del país, después de salir de la cárcel acusada de un secuestro que no cometió: “En pie de lucha por nuestra patria, por la vida y por la humanidad. ¡Hasta que la dignidad se vuelva costumbre!

Los abrazo, Mariana Román

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