La TRATA que no se trata
“La vela no arde por nosotros, sino por todos aquellos a quienes no conseguimos sacar de prisión, a quienes dispararon camino de la cárcel, a quienes torturaron, secuestraron o hicieron ‘desaparecer’. Para eso es la vela.”
Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional
La Cuna de la Nación de la manera más trágica también es Cuna de la Trata. La Trata de personas es la esclavitud del Sigo XXI, según la ONU casi 21 millones de personas son obligadas a trabajos forzosos, en los que las mujeres, niñas y niños son explotados sexualmente; México ocupa el lugar 21 de 167 países en estos índices, siendo las mujeres y niñas el 71% de las víctimas. La cifra nos lacera el corazón, tres de cada cuatro víctimas de trata son niñas.
La trata de personas en México es un problema que las Instituciones no se han tomado en serio y ha provocado que esto escale a situaciones que afectan de manera significativa a las víctimas, por ejemplo, Simón Izcara explica que la mayoría de las mujeres sentenciadas por este delito han sido violentadas por las autoridades y forzadas a declararse culpables de delitos de los que ellas mismas han sido víctimas, incluso en sus informes anuales del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre la trata de personas en México ha evidenciado el riesgo de que algunas víctimas sean juzgadas como cómplices, mientras los líderes de estas células delictivas viven en completa impunidad, demostrando una vez más que la corrupción impera en todos los estratos.
La página de la Secretaría de Gobernación reduce las actividades contra la trata a lo siguiente: “Para poder atacar el problema de la trata de personas, no solo es necesario reforzar la cultura de la denuncia por parte de las víctimas, sino generar conciencia en la sociedad para detectar y reportar conductas sospechosas a nuestro alrededor.”
Se cree que la denuncia es factor indispensable para reducir la concurrencia de este delito, pero se ignora que la trata no es tan fácil de investigar, porque la realidad es que las víctimas son personas en estratos sociales disminuidos y de recursos personales, sociales, intelectuales y económicos muy escasos. También que la policía y las instituciones difícilmente actúan cuando se recurren a estos, ejemplo de esto es como en 2012 México recibió 12 de millones de pesos para realizar el diagnóstico de la trata en el país y sólo se replicó el discurso de los académicos y se basó en las cifras oficiales del Estado, ignorando por completo que se podía hacer una elaboración empírica del problema que este delito significa para las víctimas.
Ahora bien, la trata en Tlaxcala pareciera ser un punto invisible, que no sucede, que no existe porque ¿Qué más situación es denunciable que las mujeres en ropa diminuta paradas durante largas horas en la carretera federal mejor conocida como la “Vía Corta” se puede hacer? El delito de la Trata se persigue por oficio, es decir, no hay necesidad de que un individuo ajeno al Ministerio Público lo denuncie, éste por obligación y observación debe investigarlo para poder llegar al responsable de estos actos.
El Ministerio Público es un ente que representa a la sociedad, por lo que debe ser su prioridad observar lo que todos observamos, la Trata en Tlaxcala es un problema mayúsculo que nos roba a nuestras niñas, a nuestras mujeres… las esclaviza a utilizar su cuerpo con fines denigrantes y de humillaciones gigantescas.
Oscar Montiel define a los tratantes en el sur del Estado como “tratantes rurales”, aquellos sujetos que comienzan una relación amorosa con mujeres a las que después obligarán mediante amenazas, chantajes y violencia a prostituirse, apoyados de toda una red familiar que opera en las planes y que incluso, forma parte de la estrategia para que la mujer pueda hacer lo que se le obliga. Lo que nos abre la puerta a otra gran interrogante ¿cómo una familia completa aprendió a formar un sistema proxeneta? ¿Tenemos datos duros que nos indiquen la red básica que se establece en el sistema proxeneta de los tratantes rurales? La respuesta es corta: no. No se tiene ni una sola investigación por parte de las Instituciones de qué sucede en estos núcleos, ni porque en Tlaxcala el proxenetismo es una actividad que incrementa cada vez más.
Las víctimas explotadas en Tlaxcala provienen de diferentes municipios del Estado, Tenancingo, Tlaxcala, Zacatelco, Tetla de la Solidaridad, Papalotla de Xicohténcatl, Teolocholco, Chiautempan, Tepeyanco, Acuamanala de Miguel Hidalgo, Apetatitlán de Antonio Carvajal y San Pablo del Monte y de estos 11 Municipios por lo menos 5 tienen un rezago educativo superior al 16.1% de su población según la medición del 2020 del CONEVAL, es por eso la importancia de que todos los niveles de Gobierno deben encabezar programas que nos permita saber porque los niños en Municipios del Sur del Estado desde pequeños quieren ser lenones, porque los hogares en esos espacios tienen cabida a ideas que han lastimado por generaciones.
Como lo he mencionado en anteriores columnas, el ojo de la masculinidad tóxica nos tiene en este punto, la hipersexualización de las mujeres nos ha llevado al punto de ser siempre objeto de comentarios lascivos, misóginos, que seamos vistas como carne que puede ser utilizada a placer de los hombres.
Lina Zerón lo expresa con la crudeza del dolor de las víctimas, nuestro país es tan extenso que la justicia no alcanza para todos, las mujeres y niñas que son esclavizadas son las que para el país no tienen ojos ni boca, las que no valen, las que no importan, las que no existen, las que naturalmente nacieron para ser ignoradas.
La vela debe arder, como lo dice Peter Benenson, por todas ellas. por todas las que que son arrebatadas de sus hogares, sus sueños, sus planes, sus hijos, sus madres, sus amigas, sus vidas.
No sigamos teniendo miedo a ver por las que no tienen voz, por las que sólo lloran, gritan y exigen que alguien las salve, no sigamos ignorando a las que nos necesitan, a las que necesitan un Estado presente, Instituciones que al tomar el café de las mañanas sea por ellas y por todas.
Dejemos de lado a la Trata que nadie trata y comencemos juntas de la mano.
Mariana Román


