La maternidad invisible
“La obra de una madre es un trabajo arduo y, con demasiada frecuencia, anónimo. Por favor, sepan que vale la pena entonces, ahora y para siempre”.
—Jeffrey R. Holland
Siempre que se habla de la maternidad, se habla de la idea romántica del inmenso amor que las madres sentimos por nuestros hijos, se habla de la obligatoriedad de poner a nuestros hijos por encima de todo, incluso por encima de nosotras mismas, la maternidad se ha romantizado tanto que a las madres se nos ha obligado a renunciar al cansancio, a la pena, a la individualidad, a lo que éramos y queríamos ser. Porque la maternidad es el cúmulo de renuncias continuas que nos dejan expuestas a la profunda soledad y el intenso auto cuestionamiento de si somos suficientes para nuestros hijos, para nuestras familias, para nuestras amigas e incluso para nuestras propias necesidades, es tanta la incertidumbre que en ocasiones el colapso es inevitable.
La maternidad es la licencia que las terceras personas toman para juzgarte, imponerte expectativas y emitir recomendaciones que nadie ha pedido, pero si la maternidad es eso en la sombra, hay otro tipo de maternidad que es invisible y es la que vivimos las madres solteras.
Se necesita una red segura de apoyo para poder sobrevivir, es dura y a veces cruel. En México el 11 por ciento de madres son solteras, y estas cifras se intensifican en mujeres más jóvenes. El impacto de esta situación repercute en lo personal, social y económico, porque los desafíos que se enfrentan van desde la dificultad de encontrar empleo por la limitación de estancias infantiles hasta la escasez de empleos con justas prestaciones laborales que permitan un saludable y generoso ingreso monetario.
No quiero imprimir emociones negativas en esta columna, la severa intención de ésta es que podamos tener la empatía de entender, conocer y abrazar las diversas maternidades que existen.
Porque ser madre es maravilloso, pero también es agotador, es desafiante, por lo que quiero mandar un abrazo a todas las madres, en especial a las madres solteras, sé que los escenarios que imaginamos eran diferentes y que hay días eternos y otros mucho más cortos, que las cosas no son como las pensamos, pero muy segura estoy que son mucho mejor.
Quiero pedir que seamos comprensivos, ser madre es muchísimo más que dar vida a un ser que vamos a amar fervientemente toda nuestra vida, es la labor diaria de alimentarlo, de cuidarlo, de protegerlo, de tratar de entender un ser pequeñito que su única manera de comunicarse es mediante el incesante llanto que no dice mucho acerca de qué necesita.
Ser madre es tener los tiempos cortos hasta para respirar; la misión debe ser dejar de lado los cuestionamientos, consultas y comentarios incriminatorios, las madres necesitamos que nos pregunten cómo estamos, cómo nos sentimos, qué pensamos, qué necesitamos, que nos escuchen sin interrupción, que nos hagan sentir que a alguien le interesan nuestros sentimientos y pensamientos.
Por lo que si eres madre primeriza, madre soltera, madre reciente quiero abrazarte y decirte por lo menos por este medio que todo está bien, que hay una versión en diez años que nos exige disfrutar un poco más este momento. Seamos las redes seguras de las madres que conocemos, seamos esas redes de apoyo que escuchan y empatizan, seamos los salvavidas que muy seguramente una madre necesita.
Ser madre sí es una dicha maravillosa, ser madre sí es amar a alguien más que a ti misma, pero también ser madre debería ser no perdernos, no renunciar a nuestras vidas, a nuestros sueños y a nuestros anhelos. Porque cuando el feminismo habla de que la maternidad será deseada o no será justo expone esto, maternar es un desafío por lo que desearlo debería ser el primer paso, porque no puedo imaginar como sería sin desearlo, nadie debería ser madre de manera obligada.
Sigo en el camino, pero esta vez desde otra perspectiva, defendiendo y acompañando las maternidades incluyendo la mía, porque sin duda nunca imaginé ser madre soltera, pero hoy que lo soy, lo atesoro como el reto más grande de mi vida y siempre estaré agradecida por eso; si tú me lees y eres madre como yo, o vives otra maternidad y necesitas ayuda, escríbeme, vamos todas, vamos juntas.
Te abrazo,
Mariana Román


