“Se te van acabar las lágrimas, lo que no se tiene que acabar es la rabia, esa sed de justicia porque el día que eso se acabe, hasta ahí vas a llegar; y nuestras hijas se merecen justicia”.
Petit comité

LA HISTORIA QUE NO NOS PERTENECE

“El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

Angela Davis

En la prehistoria, la mujer y el hombre tenían actividades muy establecidas; la caza y la recolección de frutos, este último estaba dedicado a las mujeres, quienes desarrollaron mecanismos que la historia juzga como los antecedentes de la agricultura, ¿pero por qué es importante mencionar que las mujeres fueron las pioneras de ésto? Porque esto trasciende a una Etapa Histórica llamada Neolítico, que es un periodo de transformaciones que ayudaron a la humanidad a desarrollarse tecnológica, económica y socialmente como hasta el día de hoy, es decir, las mujeres han sido precursoras de la evolución desde los años incipientes de la humanidad hasta nuestros días…

Sin embargo, las concepciones deliberadas de qué tiene que ser y cumplir una mujer en sociedad han ido mutando durante las Etapas Históricas, pero no es hasta la Antigua Grecia que se origina la idea que hasta hoy se sostiene, tal como Inmaculada Moreno lo dicta: “el arquetipo perfecto de mujer (en la Antigua Grecia) es aquella que permanece dentro de las paredes de su casa, cuidando no sólo de su patrimonio, sino también de su esposo e hijos”.

Una muestra de esto, es lo que pensaba y enseñaba Aristóteles: “En cuanto al macho respecto a la hembra, por naturaleza uno es superior y otro inferior, uno gobierna y otro es gobernado … El esclavo, pues, no posee en toda su plenitud la parte deliberante, la mujer la posee, pero sin autoridad, el muchacho, por último, la posee, pero sin desarrollar.”

Aristóteles no sólo creía que la mujer debía ser gobernada por el hombre por ausencia de autoridad, sino que la juzgaba como inferior al varón y no sólo eso, la disminuía con minúsculas diferencias a las de un “esclavo”; pero es que la concepción del rol de la mujer en la sociedad en la Antigua Grecia era catalogado como ideal, cuando ésta contaba con una razón menor e imperfecta a la del varón, pues para Sófocles, “las mujeres viven sin freno, se entregan a todo tipo de licencia y molicie”.

Y aunque las mujeres eran aceptadas en las escuelas de la Antigua Grecia, no significaba que poseían un rol determinante o de autoridad, es más, a temprana edad eran casadas con hombres mucho mayores que ellas y pasaban a ser parte de la propiedad del esposo, situación que se replica en la sociedad Romana, las niñas no tenían nombres propios, se llamaban como sus padres en femenino y eran contempladas como seres que se tenían que cuidar y dirigir sin su consentimiento y voluntad, y aunque existieron mujeres que rompieron los paradigmas es tema de otra columna.

No es hasta la Edad Moderna que las mujeres viven una profunda reestructuración negativa en la idea del ser y de su posición en la sociedad, se perpetúa la brecha entre mujeres y hombres al establecer “el saber” exclusivo de los varones, dejando a la mujer con nulas posibilidades de todo tipo, asignándole la exclusividad de ser madre, tener hijos y en la realeza, tener primogénitos, pero como siempre las mujeres de la historia nos han salvado, aparece la inglesa Mary Wollstonecraft que en 1792 escribe “Vindicación de los derechos de la Mujer”, una obra excelsa que condena la enseñanza de que la naturaleza de la mujer es inferior a la del varón, acuñando a la nula e insignificante educación que por siglos la mujer había recibido, predisponiendo a ser sujeta de decisiones ajenas a ellas, siendo así, una de las primeras feministas de la historia.

Y así comienzan los siglos de lucha por la igualdad de las mujeres; llega la Revolución Industrial y con ello, mujeres socialistas comienzan los primeros movimientos para conseguir el sufragio femenino, por ejemplo, en 1906 miles de mujeres pertenecientes a Rusia, tiran al Zar y logran un año después el derecho a votar. Incluso en Inglaterra se consiguió el voto femenino con la presión de una bomba en el Departamento del Primer Ministro, siendo un acto radical que consigue el voto para las mujeres inglesas en 1928.

Sara Lovera, editorialista feminista, cuenta que la idea de que el 8 de marzo fue a causa de las obreras calcinadas en una fábrica textil de Nueva York es falsa, no existió en esas fechas una causa de ese tipo, pero lo que sí sucedió en esa ciudad y en esa fecha fue la marcha de las 10,000, suceso en el que salieron a buscar el voto femenino 10,000 mujeres organizadas e incluso sucedían a la par movimientos violentos en todo el mundo, en donde las mujeres salían a pedir y exigir la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, pero ¿por qué hasta la ONU ha replicado ese hecho falso? Porque siempre han preferido juzgar y denostar a la mujer de víctima antes que de un ser pensante.

Las olas del feminismo han ido evolucionando a las peticiones que las mujeres vamos sosteniendo durante el pasar de los años, pero hasta el día de hoy, seguimos luchando por lo mismo; que se elimine la brecha salarial, educacional, económica, social y política. Por eso se le llaman olas, porque surgen y cuando alcanzan la cúspide del cumplimiento de la petición se desvanecen, pero en cuanto surgen otras peticiones, surge de nuevo la ola.

Sara Lovera magistralmente nos enseña a través de sus conferencias que la educación en las mujeres es lo que nos va a salvar, que involucremos a las niñas a las ciencias que históricamente han pertenecido a los hombres, que los funcionarios y funcionarias se deben sensibilizar para actuar con perspectiva de género a favor de las niñas y de las mujeres. La historia nos lo ha enseñado, tal como Simone Beauvoir lo explica en su obra “El segundo sexo”, en el que juzga que al sexo masculino se le ha atribuido lo ético, lo político, lo cultural, lo cientifico y filosófico, mientras al segundo sexo se le atribuye lo banal, lo insignificante, lo cerrado y lo matrimonial. Es justo por eso que casi las mujeres no aparecen en la historia, porque siempre hemos sido relegadas en educaciones inferiores que no nos han permitido en su mayoría participar política y socialmente de manera destacada.

No sigamos desperdiciando el privilegio de la educación, de pertenecer y de sobresalir con nuestras ideas y con nuestro arte.

El tiempo es ahora, pongámonos en la historia, hagámoslo por las que no pudieron, por las que lo hicieron a su modo y por las que estamos haciéndolo.

Hagámoslo, hagámoslo juntas.

Mariana Román