El cambio es de nosotras
“Nos hemos pasado demasiado tiempo arrepintiéndonos de ser mujeres –decía– y tratando de demostrar que no lo somos, como si serlo no fuera nuestra principal fuerza, pero no más: vamos a tomar cada estereotipo femenino y llevarlo hasta las últimas consecuencias”. –Gioconda Belli, El país de las mujeres
No recuerdo desde cuándo las mujeres dijimos: Basta! Pero si recuerdo que cuando las mujeres hemos dicho basta, la historia nos ha cambiado; sin embargo, no hemos querido decirnos basta a nosotras mismas, a nuestras creencias, a nuestros miedos, a nuestras heridas; somos increíblemente valientes cuando decidimos acusar, señalar y no quedarnos calladas cuando los hombres han cercenado nuestra dignidad, pero ¿y con nosotras?
Cuántas hemos tomado la bandera “podemos lastimarnos, pero nunca nos haremos daño” o la excusa “mujeres juntas ni difuntas” justificando, aceptando y permitiendo ser enemigas unas de otras, se habla de la sororidad con mucha ligereza como si verdaderamente tuviéramos la lección entendida cuando en realidad actuamos bajo una sororidad selectiva.
Es cierto que como personas existen incompatibilidades y afinidades pero entre mujeres nos hemos y seguimos lastimándonos obedeciendo a estereotipos ancestrales como la jefa que tiene que aplastar a otras mujeres porque representan competencia, desacreditar a quien alcanza el éxito, descalificar a quien decide someterse a una cirugía plástica, señalar a quien elige no ser madre y/o esposa como metas de plenitud, mal tratar a mujeres que son familia no sanguínea como cuñadas o nueras, juzgar a quien disfruta su libertad sexual, aprobarnos unas a otras respecto de nuestra vestimenta, preparación y compatibilidad de filosofía.
¿Cuándo vamos a decirnos basta a nosotras mismas?, cuando vamos a entender que no somos enemigas, que juntas podemos hacer mucho más, que nuestra unión no debe ser efímera, mucho menos forzada, nuestra unión debe ser genuina y el pacto que debemos hacer es con nosotras y entre nosotras.
Si entendemos que el cambio empieza en nosotras podremos alcanzar justicia para las que estamos y para las que tristemente ya no, si nos aceptamos en amor, nos perdonamos y trabajamos en nosotras mismas podremos darnos la mano una a la otra, podremos vernos como verdaderas compañeras, mientras no nos respetemos una a la otra, no lograremos que los hombres lo hagan.
Cada marcha, cada grito de justicia, podrá ser legitimada solo por nosotras mismas, ¿cómo queremos reconocimiento de los hombres si nosotras no nos lo damos? si queremos su respeto debemos empezar por nosotras no al revés, el cambio no puede ni debe venir de afuera, el cambio viene de adentro, en cada una de nosotras a nivel personal y en colectivo.
Cuando entendamos que somos más fuertes cuando estamos decididas a abrir nuestro corazón a otras, que cuando ayudamos a otra mujer a ser mejor nos ayudamos a nosotras, si entendemos que nuestras experiencias pueden ser puentes de unión y escaleras para que todas avancemos, lograremos entonces construir una muralla de amor, éxito y seguridad para nosotras y para las generaciones que están detrás.
Hoy te invito a aceptarte, perdonarte, abrazarte, amarte y voltear a ver a la mujer que tienes al lado como si fueras tu misma, pero sobre todo te invito a decir: ¡Basta!, unidas somos fuertes pero reconciliadas seremos invencibles.


